Querido Señor:
Cuando llega la noche y me siento entre las paredes de mi memoria, trato de hacerle llegar a usted con mis palabras, la manera de demostrarle lo cierta que es aquella frase que dice:
*A un hombre, debe amársele de tal manera, que no tenga la más mínima sospecha de que alguien podría amarle más que tú.*
Y así se me pasan los minutos y caminan los días.
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