Querido señor:
Le aseguro que nunca me atrevería a dejar de amarlo, ni un solo instante.
Hace tiempo que descubrí que es usted una de esas oportunidades, que la vida, no me daría dos veces.
Así pues, si esta noche el insomnio se empeña en acompañarlo, llénelo con mis recuerdos ...
Y al amanecer cuénteme la historia de cómo el Sol amaba tanto a la Luna que moría cada noche para dejarla respirar.
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