La cafetera estaba llamándonos a la cocina.
El agua hervía en burbujas pequeñas y armoniosas... Con olor a café recién hecho, se aromatizaba toda la casa.
Nos acostamos en el sillón con la manta gris y me empezó a leer un libro, que se alegraba de volver a encontrar.
Hablaba tan rápido, que tuve que tomar una galleta del plato, quebrarla con mis dientes y metérselo a la fuerza con la lengua.
Me apuré a masticarla, para besarlo sin dificultades.
No podía prestarle atención a sus palabras.
Me empece a retorcer entre sus brazos.
Me di la vuelta y me quite su jersey negro que había tomado prestado por la mañana.
Me quedé con los pechos desnudos y el tanga blanco, ese de encaje, el diminuto...
Quiso cerrar el libro y morderme los pezones con las puntas de los dientes.
Pero aparte su cara y le pedí con la mirada que continuará leyéndome.
Baje su pantalón, más allá de las rodillas y le bese los muslos oscuros llenos de vellos.
Su voz temblaba.
Yo, me divertía.
Baje su slip y su miembro me dio los buenos días.
Me relamí los labios...
Lo torture ..
Haciendo figuras circulares,
recorriendo su interminable distancia.
Lo ponía en mi boca,
pero lo soltaba rápidamente para ver como se desesperaba.
Sus ojos me suplicaban que lo comiera de una vez,
pero el juego era que continuará leyéndome la historia.
Por fin me apiade de él y lo metí de lleno en mi boca,
succionando,
mordiéndolo despacio,
viéndolo a los ojos desde abajo.
Rápido...
Rápido...
Lento...
Lento...
Apasionada y tiernamente.
Hasta que su cuerpo se apretó. Su abdomen se contrajo y su esencia humectó mis labios y barbilla.
- No cumpliste tu palabra. -Lo regañé divertida.
-¿En que página me quedé? -Dijo con un hilo de voz.
-Déjalo cariño, que ahora es mi turno y tendrás que recitarme un poema con la cara entre mis muslos.
Tendremos que poner nuevamente el café.
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